Fomentando la generosidad en nuestros hijos

Tal como sucede con los demás valores, el hogar es el lugar ideal para iniciar y fomentar su práctica; sin embargo, de nada servirá  machacarles constantemente a los hijos que deben ser generosos y compartir en sí todas sus pertenencias personales, si los padres no son los mejores promotores de este y los demás valores poniendo el buen ejemplo entre todos.

Los testimonios cotidianos y la realidad que los hijos viven y perciben en el hogar son las principales fuentes de donde surgen eso que se llama valores y cuyo contenido rige nuestra conducta ante los demás, transformando en forma positiva la relación que se tiene con quienes nos rodean, principalmente, la familia, amigos y compañeros de trabajo.

Se partir de la base de que, si se desea que los hijos sean generosos con los demás, los padres tienen que ser el mejor modelo en este aspecto, su mejor maestro y ejemplo; de lo contrario, toda lucha por inculcarles el valor de la generosidad será en vano si las cabezas de la familia pregonan las mejores actitudes y conductas y no son capaces de predicar con el ejemplo, si a las primeras de cambio demuestran su egoísmo con los propios integrantes de la familia.

Los padres tienen un mundo como campo de acción para enseñarles a los hijos, con ejemplos prácticos, sin necesidad de tanto rollo, que la generosidad se puede llevar al terreno de los hechos todos los días, en cualquier momento, con una infinidad de detalles que los pequeños podrán observar cuando sus padres se ayuden mutuamente en las labores del hogar.

Cotidianamente, los hijos se percatan de cómo los padres tratan de hacer rendir los ingresos económicos que ambos perciben, y también se dan cuenta de la solidaridad conyugal cuando los dos sacrifican su bienestar personal y ofrecen su apoyo económico para saldar algunos de los gastos más elementales que se hacen en el hogar, entre los que destacan el gas, la energía eléctrica, el agua potable, el teléfono, entre muchos otros.

Además, las innumerables tareas que implican mantener una casa limpia obligan a los cónyuges a apoyarse mutuamente, colaborando en labores sencillas como tender las camas, barrer y trapear, hasta otras más complicadas (al menos, para los varones) como lavar la ropa y, a veces, los trastes.

Todos estos gestos y actitudes, aunque usted no lo crea, los captan fielmente los hijos y los toman en cuenta como las mejores enseñanzas de cómo la generosidad parte del respaldo mutuo que deben brindarse los padres en todos los aspectos. Las conductas positivas se quedan muy bien grabadas en las mentes de los pequeños, quienes, con plena conciencia, tienden a imitar todo lo que observan en el hogar.

Si tuviera que recurrir a una definición lo más apegada a su esencia, la generosidad podría consistir en “dar antes de que se nos pida”, de acuerdo con un proverbio árabe y que encierra una gran verdad en virtud de que, para que se concrete con autenticidad y espontaneidad este valor (uno de los más importantes para la convivencia y supervivencia de la humanidad), la actitud debe estar libre de condiciones y, al mismo tiempo, impregnada de amor al prójimo. De lo contrario, perdería su atributo de virtud o valor.

Quizá la acción de generosidad más difícil de realizar es aquella que se debe dirigir hacia una persona desconocida, pues siempre será menos complicado hacerle un favor a un familiar, a un amigo, a un vecino. Sin embargo, la acción tendrá verdadero sentido si el beneficio se derrama sobre una persona completamente ajena al círculo del bienhechor, pues la generosidad no consiste en hacerle un favor al que me cae bien, sino a quien realmente lo necesita.

Por ello, los padres son los más indicados para ir sembrando en los hijos el valor de la generosidad, enseñándoles que se debe compartir y ayudar desinteresadamente a los demás sin esperar a que posteriormente se les retribuya con una acción similar. Debemos concientizarlos en el sentido de que la mejor recompensa que recibirán es sentirse útiles y, sobre todo, para motivarlos, es importante aplaudirles y elogiarles sus pequeños esfuerzos en este contexto.

La misión no es del todo sencilla, pero vale la pena darles lecciones sencillas cuando se presente la ocasión; solo será cuestión de tiempo para que comprendan que la generosidad es un valor que les servirá para su convivencia con quienes les rodean. La sociedad actual necesita hijos generosos. Tal vez esto contribuiría a tener un ambiente de más armonía en todos los ámbitos.

 

Acerca Redaccion

Equipo de redacción de la red de Mundodehoy.com, LaSalud.mx y Oncologia.mx

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