A platicar con tus hijos

Por: Dr. Jarrod M. Leffler, Psiquiatría del Niño y Adolescente, Mayo Clinic de Rochester, Minnesota.

México, a 14 de agosto de 2014. El comportamiento puede convertirse en un problema cuando el muchacho tiene dificultad para realizar actividades cotidianas o si altera el funcionamiento familiar.

En caso de que su hijo atraviese por la pubertad, se muestre retraído y poco comunicativo, un buen primer paso sería ver en qué concretamente ha cambiado. Luego, examine el efecto de dichos cambios sobre su hijo y el resto de la familia. Eso puede darle una perspectiva de la repercusión y significado general del comportamiento del muchacho.

Por ejemplo, si ustedes suelen comer en familia seis veces por semana y su hijo ha dejado de participar por completo en esas comidas, entonces existe una gran diferencia que amerita más análisis. Por otro lado, si ustedes suelen comer juntos dos o tres veces por semana y el muchacho sólo se une a la familia una vez por semana porque tiene un horario apretado, entonces es menor la probabilidad de que la situación sea preocupante.

Ahora bien, en lugar de insistirle en que participe en las actividades familiares, converse con su hijo sobre lo que ocurre. Investigue cuál es su perspectiva de la situación y qué opina al respecto. Ese proceso de resolución de problemas puede ser muy útil en circunstancias como estas. Por lo general, los adolescentes ansían ser independientes y tener responsabilidades, por lo que al invitarlo a platicar, escuchar su punto de vista y buscar juntos una solución, usted le está demostrando que confía en sus capacidades y respeta sus opiniones.

Considere mantener esta conversación cuando usted y él estén involucrados en otra actividad, como conduciendo el auto, preparando la comida, trabajando en alguna mejora de la casa o jugando juntos algún deporte. Cuando uno participa en otra actividad, no hace falta hacer contacto visual para hablar, lo que disminuye cualquier estrés que el adolescente pueda sentir durante la conversación, haciéndola menos intimidante para él y permitiéndole hablar con libertad.

Empiece la conversación con algún comentario positivo sobre los logros que el muchacho alcanza. Por ejemplo, puede decir algo como “sé que estás trabajando mucho en la escuela y estoy orgulloso de lo que estás haciendo”, o “admiro tu determinación de conseguir un trabajo durante el verano y tu anhelo de ganar tu propio dinero”.

Después, explíquele sus inquietudes y escuche el punto de vista del muchacho. ¿Cómo percibe él su comportamiento? ¿Cree que está bien? ¿Se da cuenta que afecta al resto de la familia? Platiquen sobre las expectativas y opiniones. Dígale lo que usted desearía que ocurriera y pregúntele si cree que sus expectativas respecto a él son razonables y si es capaz de verlo, sea flexible, esfuércese por encontrar maneras de permitir que la familia funcione bien y al mismo tiempo otorgarle la autonomía que necesita. Entienda que a medida que su hijo crece, la interacción entre usted y él cambiará.

A pesar de que el comportamiento de un hijo parezca normal para la edad, existen algunas señales de alerta que ameritan prestar más atención e incluyen lo siguiente: que el muchacho muestre poco interés en realizar actividades amenas o las actividades que por lo general solía disfrutar, esté triste, lloroso, enojado, irritable o se fastidie con facilidad, problemas para dormir, que presente cambios grandes en los hábitos alimenticios o que amenace seriamente con hacerse daño.

Si su hijo mostrara cualquiera de esos síntomas de manera constante durante varios días o más, haga una cita con el médico porque es posible que se trate de la señal de un problema subyacente mayor, tal como una depresión.

Acerca Redaccion

Equipo de redacción de la red de Mundodehoy.com, LaSalud.mx y Oncologia.mx

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