El tatuaje mexicano llega a las galerías neoyorkinas

Cuando el artista de tatuaje mexicano conocido como Dr. Lakra llegó en febrero para presentar su primera muestra individual neoyorquina, se dirigió de inmediato a la Biblioteca Pública de Nueva York.

Empezó a investigar sobre algunos de los temas que le fascinan, como los instrumentos médicos del siglo XIX, la brujería y la antropología.

“Cuando viajo voy siempre a las bibliotecas públicas”, dijo. “Siempre estoy sediento de imágenes.” También visitó la librería Strand para comprar libros de fotografía del Raj británico, así como Forbidden Planet, un negocio de venta de comics. Todo eso y mucho más se ve en la exposición de este artista de treinta y nueve años, que puede visitarse hasta el 23 de abril en el Drawing Center del SoHo.

Consiste en un gigantesco dibujo de pared construido en torno de trazos de pintura que forman siluetas de estalactitas y estalagmitas en las paredes de la sala. La pintura parece metamorfosearse en distintas cosas, entre ellas mechones de pelo, pedestales con estatuas, rostros, animales y órganos. En la pared más alejada, una calavera de un metro de alto enfrenta un retrato más alto de un guerrero maorí con la cara cubierta de tatuajes.

Se trata de un alejamiento del trabajo más pequeño que lo hizo famoso: dibujos a la manera de tatuajes en tinta sobre objetos como muñecas, juguetes y fotos de mujeres escasamente vestidas de revistas de mediados de siglo.

El trabajo del Drawing Center parece apartarse de la personalidad de Dr. Lakra. Si bien usa grandes aros gitanos de plata y está casi cubierto de tatuajes (un corazón en la mano izquierda y una calavera con trazos de pintura cruzados en la derecha), también se expresa y se comporta con gran suavidad.

“Lakra es un artista mucho más complejo de lo que la gente cree”, dijo su representante y amigo José Kuri, socio de la galería Kurimanzutto de Ciudad de México.

“Es muy fácil encasillarlo como artista de tatuaje que llegó al mundo del arte a través de tatuajes en revistas, pero tiene una excelente formación en antropología y en pintura clásica”.

“Entre la nueva vanguardia mexicana, es el que mejor ha incorporado la tradición de México de la ilustración, el grabado, el diseño gráfico y el arte precolombino”, señaló Pedro H. Alonzo, que el año pasado organizó la primera muestra individual de Dr. Lakra para el Instituto de Arte Contemporáneo de Boston.

Lakra, que nació en Ciudad de México y cuyo verdadero nombre es Jerónimo López Ramírez, es el hijo mayor de la antropóloga y poeta Elisa Ramírez Castañeda y del pintor Francisco Toledo, una de las figuras culturales más importantes de México. Fue un adolescente rebelde y abandonó los estudios secundarios para vagar por el mercado callejero El Chopo, de Ciudad de México, donde empezaban a concentrarse los entusiastas del tatuaje.

En aquel entonces, dijo, en México se asociaba el tatuaje con el submundo criminal. Él y sus amigos pronto comenzaron a practicar el arte unos en otros, para lo cual usaban equipo improvisado con agujas de coser y motores de reproductores de casetes.

“Poníamos la tinta en la tapa de la botella de cerveza que tomábamos”, contó, “o lavábamos una que encontrábamos en la calle.” (En el proceso surgió su apodo de “Dr.”, ya que siempre llevaba su equipo en un maletín médico, así como el de “lacra”, una expresión mexicana que sugiere una cicatriz o marca en la piel, sumada a la suciedad de la tierra.) Pero también llevaba una vida artística paralela. Tras abandonar el colegio, se incorporó a un taller que dirigía Gabriel Orozco, donde entre sus compañeros se encontraban Gabriel Kuri, Abraham Cruzvillegas y Damián Ortega, que ahora son destacados artistas mexicanos.

Ahí también conoció a su representante, José Kuri, el hermano mayor de Gabriel. Los otros crearon Temístocles 44, un colectivo donde exploraban performance y conceptualismo.

Dr. Lakra llegó a Berlín, donde pasó dos años dedicado a mendigar y viviendo en casas ocupadas.

Para 1993 se había trasladado a Oakland, California, atraído por el auge del tatuaje.

Conoció al artista Ed Hardy en una convención de tatuaje. Impresionado por los dibujos de Dr. Lakra, Hardy lo ayudó.

“No podía convertirme en un aprendiz convencional porque trabajaba”, dijo Dr. Lakra, haciendo referencia a su trabajo de lavaplatos. “Me permitió ir al taller a mirar”.

Hardy también impulsó el debut de Dr. Lakra en su galería de Nueva York al incluirlo en una muestra de tatuajes que organizó con el Drawing Center en 1995.

Para entonces, Dr. Lakra había vuelto a Ciudad de México e instalado su propio local de tatuaje. También empezó a exponer su trabajo en La Panadería, un espacio artístico, y a crear murales callejeros.

Kuri lo atrajo a Kurimanzutto poco después de inaugurar el espacio en 1999, y Dr. Lakra pronto advirtió las ventajas de la relación con una galería comercial.

“Vendían mis dibujos en dos o tres veces el precio que yo los vendía en las convenciones de tatuaje”, dijo. “No tenía que negociar”. 

Acerca Redaccion

Equipo de redacción de la red de Mundodehoy.com, LaSalud.mx y Oncologia.mx

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