Redes sociales pueden intensificar la preocupación por la apariencia

La comparación social, los filtros y los comentarios sobre el físico pueden reforzar una percepción negativa de la propia imagen

Por: Redacción

LaSalud.mx | Ellas.mx | Sanamente.mx, Ciudad de México, 8 de septiembre de 2026 .- El vínculo cotidiano con las redes sociales ha modificado la forma en que muchas personas observan y valoran su propia apariencia. En quienes presentan una mayor vulnerabilidad, el contacto reiterado con fotografías modificadas, filtros y modelos de belleza difíciles de alcanzar puede reforzar una percepción negativa del propio cuerpo y favorecer conductas asociadas al trastorno dismórfico corporal. Cuando esa preocupación comienza a interferir con las actividades diarias, la atención profesional adquiere especial importancia.

En México, el fenómeno ocurre dentro de un entorno de alta exposición digital. El Estudio Digital 2026, elaborado por We Are Social y Meltwater, señala que 74.9 % de la población, cerca de 99 millones de personas, utiliza activamente las redes sociales, con un promedio de tres horas y media de uso al día. En este escenario, la cantidad de tiempo destinada a contenidos relacionados con la apariencia física vuelve relevante analizar sus posibles efectos sobre la salud mental.

“Las redes sociales pueden asociarse con algunas de las creencias negativas que las personas con trastorno dismórfico corporal desarrollan sobre sí mismas. Cuando esas ideas comienzan a interferir con su vida diaria, es importante buscar ayuda profesional”, explicó Ashwini Nadkarni, psiquiatra de Mass General Brigham que atiende pacientes en Brigham and Women’s Hospital.

Cuando la preocupación por el aspecto físico deja de ser una inseguridad

El trastorno dismórfico corporal no consiste únicamente en sentirse inconforme con alguna característica física. Se manifiesta mediante una preocupación excesiva por defectos que pueden ser muy pequeños o incluso no resultar perceptibles para otras personas. De acuerdo con la International OCD Foundation, afecta entre 1.7 y 2.9 % de la población general.

La preocupación puede ocupar varias horas del día. Algunas personas permanecen entre tres y ocho horas frente al espejo, comprueban repetidamente su apariencia, intentan ocultar aquello que consideran un defecto o recurren a conductas repetitivas destinadas a disminuir la ansiedad.

Las consecuencias pueden extenderse a la escuela, el trabajo y las relaciones personales. También es posible que quienes presentan este trastorno eviten encuentros y actividades sociales por temor a ser observados o juzgados.

Compararse, editarse y sentirse insuficiente

Las plataformas digitales no provocan por sí mismas el trastorno dismórfico corporal, pero pueden amplificar pensamientos negativos en personas que ya presentan una determinada vulnerabilidad. Uno de los mecanismos involucrados es la comparación social: mientras los usuarios contrastan distintos aspectos de su vida con lo que encuentran en internet, quienes viven con este trastorno pueden interpretar las diferencias como una prueba de que su apariencia no es suficiente.

“La comparación social es un proceso mediante el cual evaluamos nuestra apariencia comparándonos con otras personas. En quienes presentan trastorno dismórfico corporal, esa comparación puede reforzar una percepción negativa de sí mismos”, señaló Nadkarni.

A este proceso se agregan los filtros y las herramientas de edición, capaces de mostrar rostros y cuerpos idealizados. La exposición repetida puede modificar la idea de lo que se considera normal y hacer que la apariencia real sea percibida como menos aceptable.

Los mensajes negativos sobre el aspecto físico también pueden contribuir a este problema. Incluso cuando no están dirigidos a una persona específica, los contenidos que ridiculizan la apariencia pueden reforzar el miedo al juicio y favorecer síntomas de depresión, ansiedad y dismorfia corporal.

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Modificar el uso de las redes también forma parte del cuidado

El abordaje no implica necesariamente abandonar las redes sociales. Nadkarni recomienda revisar las cuentas seguidas y retirar aquellas que generen inseguridad o autocrítica, además de establecer horarios y disminuir de manera progresiva el tiempo de exposición.

Otra medida consiste en recuperar espacios fuera de las plataformas mediante actividades como convivir con otras personas, practicar un pasatiempo o hacer ejercicio. También plantea cuestionar los pensamientos negativos relacionados con la propia apariencia y sustituirlos por interpretaciones más realistas.

Cuando la preocupación empieza a afectar la escuela, el trabajo, las relaciones o la rutina cotidiana, es recomendable solicitar atención especializada. El tratamiento con mayor respaldo científico combina terapia cognitivo-conductual e inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, medicamentos que contribuyen a regular el estado de ánimo.

La intervención psicológica puede incorporar ejercicios de exposición gradual para ayudar a enfrentar situaciones que la persona evita por miedo a ser juzgada y disminuir progresivamente la ansiedad asociada con su imagen corporal.

“Muchas personas dudan en buscar ayuda, pero los tratamientos basados en evidencia son altamente eficaces. Un diagnóstico oportuno permite intervenir antes de que el trastorno afecte de manera importante la calidad de vida”, afirmó Nadkarni, de Mass General Brigham, sistema de salud académico que atiende a pacientes de todo el mundo para el manejo de enfermedades complejas.

Cuando existen síntomas persistentes o sospecha de otros trastornos relacionados, una atención especializada en salud mental y trastornos alimenticios dentro de un equipo multidisciplinario permite realizar una evaluación integral y establecer un tratamiento personalizado.

La relación con la propia imagen también puede reconstruirse

Las redes sociales forman parte de la vida cotidiana, pero desarrollar una relación más consciente con los contenidos que se consumen puede contribuir a disminuir su impacto sobre la autoestima. Reconocer el momento en que una preocupación deja de ser una inseguridad común y comienza a constituir un problema de salud mental resulta fundamental para buscar apoyo.

El tratamiento psicológico oportuno puede ayudar a reducir los síntomas, recuperar confianza y mejorar la calidad de vida, al tiempo que favorece una relación más saludable con la propia imagen.

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