La conmemoración visibiliza uno de los crímenes más graves y persistentes en escenarios de guerra
Por: Redacción
MundoDeHoy.com, Ciudad de México, 18 de junio de 2026 .- Cada 19 de junio se conmemora el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos, una fecha instaurada por la Asamblea General de las Naciones Unidas con el propósito de visibilizar una de las violaciones más graves a los derechos humanos en escenarios de guerra y crisis humanitaria. Esta conmemoración busca sensibilizar a gobiernos, organismos internacionales y sociedad civil sobre la urgencia de erradicar la violencia sexual utilizada como arma de guerra, honrar a las víctimas y sobrevivientes, y reconocer a quienes han dedicado su vida a combatir este crimen.
La fecha fue establecida en 2015 mediante la resolución A/RES/69/293, en conmemoración de la adopción de la resolución 1820 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, emitida el 19 de junio de 2008, en la que por primera vez se reconoció formalmente que la violencia sexual constituye una táctica de guerra y un obstáculo directo para la paz y la seguridad internacionales.
Infancias vulneradas en medio del conflicto
La violencia sexual en contextos de conflicto afecta de manera desproporcionada a la población civil, particularmente a mujeres, niñas y niños. En estos escenarios, la agresión sexual suele utilizarse deliberadamente como una estrategia para aterrorizar comunidades, desplazar poblaciones, ejercer dominación o destruir el tejido social.
De acuerdo con las Naciones Unidas, la violencia sexual relacionada con conflictos incluye violación, esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazo forzado, aborto forzado, esterilización forzada, matrimonio forzado y otras formas graves de agresión sexual cometidas contra mujeres, hombres, niñas o niños con relación directa o indirecta con una guerra o conflicto armado.
Uno de los grupos más vulnerables son los niños y niñas. La violencia sexual infantil en conflictos armados forma parte de las seis violaciones graves identificadas por el Consejo de Seguridad de la ONU. Sus consecuencias son devastadoras: trauma psicológico severo, lesiones físicas, infecciones de transmisión sexual, embarazos precoces y secuelas emocionales que pueden extenderse durante toda la vida.
El peso del silencio y la impunidad
El miedo, la estigmatización social y las barreras culturales continúan siendo algunos de los principales factores que impiden la denuncia. Especialistas en terreno estiman que por cada caso documentado podrían existir entre 10 y 20 casos no reportados, lo que evidencia la magnitud real del problema.
El estigma afecta especialmente a las niñas vinculadas o captadas por grupos armados, dificultando su reintegración social. Asimismo, los niños y hombres sobrevivientes suelen enfrentar barreras adicionales debido a tabúes sociales profundamente arraigados. Más de 60 países todavía no contemplan adecuadamente a las víctimas masculinas dentro de sus legislaciones sobre violencia sexual.
En muchos casos, la violencia sexual también funciona como una herramienta de humillación étnica o social. Diversos organismos internacionales han documentado cómo estas agresiones son utilizadas para destruir simbólicamente al adversario, sembrar miedo colectivo y perpetuar dinámicas de sometimiento.
Justicia, reparación y responsabilidad internacional
El derecho internacional prohíbe de manera explícita la violencia sexual contra civiles en contextos de guerra. La Corte Penal Internacional, bajo el Estatuto de Roma, clasifica diversas formas de violencia sexual como crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad cuando forman parte de ataques sistemáticos contra la población civil.
Además, resoluciones como la 1882 (2009) y la 2331 (2016) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas han fortalecido los mecanismos de rendición de cuentas y han ampliado el reconocimiento del vínculo entre violencia sexual, trata de personas, terrorismo y crimen organizado transnacional.
La comunidad internacional enfrenta un reto urgente: avanzar hacia sistemas eficaces de prevención, atención, justicia y reparación. Erradicar la violencia sexual en los conflictos no es solo una exigencia jurídica, sino un imperativo ético y humanitario. La protección de la dignidad humana, especialmente de las infancias, debe permanecer en el centro de cualquier agenda de paz y reconstrucción social.
D.E.
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